Y lo demás
Sobre el coraje de asumir riesgos
La devoción, la gratitud, y el positivismo son las semillas de la plenitud. Lo que es próspero se elige, no se da. Esto lo leí en la cuenta de Samantha Demarkles (@theriverhouse), y no pude evitar pensar en todos los años que le he dedicado a intereses que no son los que considero propios. En la decisión tomada, o la falta de ella, de ignorar la necesidad de escribir sólo porque el producto final no era perfecto.
Debatí largo rato si escribir en inglés o en español. Debatí aún más largo rato si escribir o no. Decidí que sí a ambas.
Al principio, pensaba que mis dudas se debían a mi propio perfeccionismo, a las inevitables comparaciones que perduraban por días en mi cabeza pero, también me cuestioné si se debía al estatismo que conlleva una afluencia constante de información. Puedo ser sincera y admitir que el incesante bombardeo de información que consumo a diario me deja paralizada la mayoría de los días, desmotivada otros y con un sentimiento de complicidad por el sentido de inacción que falsamente percibo acerca de quien soy. Casi como si existiera una correlación directa entre el consumo de contenido mayormente deprimente –aunque aveces necesario– en forma de ‘noticias’ y mi muy personal incapacidad para cambiar el mundo. Entonces, decidí volver a mis fundamentos, a lo que me recarga. Lo que son por suerte, los libros.
Hace ya algunos años, encontré una copia usada de “The Essential Rumi” traducido por Coleman Barks, en The Strand (en la tienda de 12th St & Broadway). No que soy una experta en mística y poesía sufíes, pero, por alguna gracia, sentí que me llamaba de algún modo, de alguna manera. Crecí en un ambiente brutalmente católico y, luego de decidir categorizarme como agnóstica (una historia para otro momento), cultivar un sentido de espiritualidad resultó ser algo bastante conocido para mí. Por eso, luego de conseguir este libro, cree el hábito de levantarme con el Sol y abrir el libro en cualquier página, y llevarme conmigo lo que la página impresa pudiese cargar.
En esta situación específica (la de escribir para una audiencia), una cita me vino a la mente, y aunque probablemente sea la más clichosa de Rumi, es perfecta. “Yesterday I was clever, so I wanted to change the world. Today I am wise, so I am changing myself.” Así que la pregunta persiste: ¿Cómo puedo aprender si nunca me atrevo a lanzarme? ¿Cómo puedo brindarme consuelo si nunca admito que estuve mal? Esto puede aplicarse universalmente, en casi cualquier contexto, y me atrevería a decir que en todos los ámbitos de la vida, o al menos en la mía. En cierto sentido, me encontré cara a cara con la necesidad de crear algo simplemente porque aún no existe, y tomé la decisión de que esta es una razón tan buena como cualquier otra para al menos intentarlo.
Y con esto, un poco de mí: recién acabo de graduarme de estudiar Derecho, y por los pasados tres años y medio no he hecho otra cosa que no sea leer casos, hacer investigación sobre jurisprudencia, y trabajar. No lo digo como queja, porque no tengo nada de qué quejarme. Más bien quiero señalar el hecho de que Thought Watch fue concebido alrededor de 2019, y este mismo newsletter existe desde 2021. Si eso no demuestra un paréntesis de algún tipo, no sé qué más puede demostrarlo. Y oye, no culpo a la profesión que escogí en la adultez, ni a nada en particular. Cuando estás haciendo malabarismos con varios proyectos ‘serios’ –o lo que estamos condicionados a pensar que son ocupaciones serias–, es común extraviar el proyecto creativo, guardarlo en una caja, pensar en él cuando estás soñando con los ojos abiertos, e imaginar el día en que dejes de soñar, y pueda convertirse en algo tangible. Parece que el día llegó.
He hablado de mis propósitos y resoluciones para este 2025 con bastantes amigos, y este año he hecho algo completamente distinto a lo que estaba acostumbrada. He intentado ser concisa y reducirlos a solo dos: ser intencional y tener fe. Lo menciono una vez más (sorry friends) porque parece ser la fuerza conductora de todo esto, y quizás hasta de mi actual forma de vivir. Eso no quiere decir que antes no viviera intencionadamente, pero ahora
mi intención es ser consciente de cómo se siente mi vida, en lugar de cómo se ve, mi intención es cometer errores y aprender de ellos, y mi intención es tener fe en la multitud de posibilidades que me depara la vida.
Espero que este newsletter sirva como recordatorio de esas posibilidades, y también como lienzo en blanco para la información, inspiraciones, y contenido que me hubiera gustado descubrir mientras crecía, y también, y también… (Gracias, Galeano).
Espero que me acompañes.
Aria
En la próxima publicación, escribiré sobre la percepción de temporalidad que existe en los medios digitales, la responsabilidad del escritor y la importancia de una conversación entre escritor y lector.
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